El pericardio es una estructura fibrosa adherida al corazón, cuyas funciones son: fijación del corazón y control de una movilidad cardíaca excesiva con los cambios posturales, reducción de la fricción entre el corazón y los órganos que lo rodean, y barrera contra la extensión de neoplasias o infecciones de los órganos contiguos al corazón.


El diagnóstico de la pericarditis aguda se basa principalmente en la historia clínica (dolor torácico, disnea, tos), exploración física (roce pericárdico, fiebre) y alteraciones electrocardiográficas (elevación difusa del segmento ST).


El síntoma guía más frecuente es el dolor torácico. El dolor, generalmente descrito como sordo u opresivo, se localiza normalmente en región precordial o en el centro del tórax (retroesternal) y frecuentemente irradia hacia el hombro y al cuello.


Característicamente el dolor empeora al acostarse, con la tos o la inspiración profunda, y mejora al sentarse o inclinarse hacia delante.


Con frecuencia se plantea el diagnóstico diferencial con el infarto agudo de miocardio, por lo que no es infrecuente que en ocasiones se decide realizar una coronariografía urgente para descartar la existencia de enfermedad de arterial coronaria.




*Fuente: Quiron Salud